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Sin tres no hay locura

enero 23, 2012
En una ocasión cuidaba a una persona que me llamó “sociópata”, en agradecimiento, escribí esta historia…

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Sin tres no hay locura

José M. García Mena, 2012

Miró a su alrededor y lo que vio era bueno para Él. Sentado sobre la roca grande podía refrescar sus pies en el agua fangosa de la charca. Tres árboles gigantes le daban sombra en los momentos de más calor junto a algunos matorrales que buscando humedad rodeaban el contorno irregular de la charca. Y sobre un pequeño montículo de arena: “el Árbol”. Cada día, el Árbol le daba una fruta para poder saciar su hambre, de hecho creo que Él no sabía lo que era el hambre. Seguro que no recordaba desde cuando se encontraba allí y que tampoco era consciente de haber estado en algún otro lugar. Sí, se puso de pie sobre la roca grande y comenzó a girar lentamente sobre sus talones, se recreaba en cada una de las cosas que podía ver: la roca grande que le servía para sentarse, los tres árboles gigantes que le daban sombra, la charca fangosa con la preciada agua, los matorrales, el montículo de arena y el Árbol que cada día le regalaba una fruta.

En ocasiones, Él, subía a uno de los árboles gigantes, al más alto normalmente, y desde la copa contemplaba el horizonte, no porque buscara encontrar algo sino porque no solía cerrar los ojos cuando estaba despierto. Nunca vio nada que no fuese arena.

Como siempre, cuando el Sol decidía marcharse, Él se sentaba sobre la roca grande y miraba hacia el Árbol. Los rayos de luz se filtraban a través de las frondosas ramas adquiriendo mil tonalidades. Él contemplaba el espectáculo de la agonía cíclica de la luz y el renacimiento de la oscuridad. La penumbra le hacía acurrucarse al lado de la roca grande y cerrar los ojos, después de esto no recordaba nada hasta que volvía a abrir los ojos y cuando esto ocurría ya había luz de nuevo.

– Hola, ¿quién eres? –

Él, terminó de abrir los ojos, aun estaba acurrucado junto a la roca grande. Por primera vez desde hacía… ¿cuánto tiempo? Él percibió una voz que no venía de él.

– Hola, ¿quién eres? –

Él, se giró sobre sí mismo y dirigió su mirada hacia donde creyó que venía la voz. Otro, estaba sentado en la roca grande mirándole fijamente a los ojos.

– Yo… – Él se sorprendió intentando emitir sonidos con su garganta, creía recordar que en el pasado solía hacerlo pero no estaba seguro – no… lo… sé – respondió con dificultad.

– ¡Vaya nombre raro, Nolosé, encantado de conocerte! – respondió el Otro desde lo alto de la roca grande – ¿qué haces aquí? – continuó preguntando Otro.

Él por primera vez, o al menos hasta donde podía recordar, se sintió confuso. Miró en rededor suyo, la roca grande que le servía para sentarse pero que estaba ocupada por Otro, los tres árboles gigantes que le daban sombra, la charca fangosa con la preciada agua, los matorrales, el montículo de arena y el Árbol que cada día le regalaba una fruta.

Él se acercó al Árbol, para coger la fruta del día y cuando alargaba la mano para alcanzar la copa…

– ¡Pero qué haces insensato! – gritó Otro, espantado, levantando el dedo hacia el cielo – No puedes comer del Árbol hasta el ocaso del Dios del Fuego para no enfurecerlo y que mañana se digne a salir de nuevo –

A Él, ahora Nolosé, le costaba entender tantas palabras seguidas por lo que cogió la fruta, sin saber el porqué, la partió por la mitad y le ofreció a Otro un generoso trozo.

Otro cogió su parte, arrojó el pedazo de fruta del día todo lo lejos que pudo y corrió a esconderse tras los tres árboles gigantes, gritando:

– ¡No! ¡Pero qué has hecho! ¡El Dios del Fuego nos castigará cruelmente por tu afrenta! –

Él, ligeramente incómodo por los lamentos y sollozos de Otro, percibió que la oscuridad comenzaba a reinar, se acurrucó al lado de la roca grande y cerró los ojos. Otro se amputó el dedo meñique de la mano izquierda como medida desesperada para compensar el crimen de Él.

Él, abrió los ojos y como siempre había luz de nuevo.

– ¡Miraló, ha dormido hasta después del alba! Tenías razón, no respeta a los dioses –

Él, miró hacia la roca grande que le servía para sentarse y, para su sorpresa, estaba ocupada por el Otro con los nueve dedos de las manos sobre su cabeza y por Otrotro que le señalaba asombrado.

Durante todo el día y desde la distancia, Otro y Otrotro, preguntaron a Él las cosas más dispares y extrañas como quién era, de dónde venía, a dónde iba, en qué creía… Él respondía a algunas preguntas, sólo a las pocas que entendía, a otras ni siquiera hacia el esfuerzo de pensar en ellas.

Llegó el momento y el Árbol tenía la fruta madura para ser comida. Él se dirigió hacia ella, pero esta vez Otro y Otrotro le obstaculizaron el paso gritándole que no se podía comer hasta después del ocaso, que no podían desafiar de nuevo al Dios del Fuego.

Él se quedó quieto, observando, percibió una extraña sensación que comenzó a surgir desde su interior, una especie de opresión que cada vez le molestaba más y más.

– ¡Apartaos de mi camino!- grito Él, que no recordaba haber gritado nunca antes a nadie – ¡Tengo hambre! – continuó gritando, mientras agitaba los brazos amenazantes hacia Otro y Otrotro.

Otro y Otrotro corrieron despavoridos detrás de los tres árboles gigantes. Desde allí gritaban, lloraban atemorizados y cantaban salmos expiatorios para que el Dios del Fuego no enviará un castigo atroz porque Él cogió la fruta y, sin compartirla esta vez, la comió tranquilamente.

Los gritos y los lamentos de Otro, que en un gesto de desesperación sacrificó ahora el dedo meñique de su mano derecha, y Otrotro, al que le tocaba cortar el meñique de su mano izquierda, eran mucho más desgarrados y terroríficos que el día anterior. Y como llegaba la oscuridad, Él se echó al lado de la roca grande y acurrucado cerró los ojos.

Él abrió los ojos y como siempre había luz de nuevo pero, en esta ocasión, era distinto: estaba dentro de algo, tenía barrotes de madera por todos lados. Le habían metido en una jaula construida, durante la noche, con uno de los árboles gigantes.

Él se alzó lo que pudo, con una fuerza descomunal jamás experimentada agarró los barrotes, maldijo, zarandeó la jaula, gritó, lloró, negoció, blasfemó, se disculpó, se enfureció, luchó y de nuevo maldijo, zarandeó, gritó, lloró, negoció, blasfemó, se disculpó, se enfureció, luchó y, finalmente, se agotó y cayó rendido sobre el suelo de la jaula.

– ¡Ves como hemos hecho lo correcto! – dijo, tranquilamente, Otro sentado en la roca grande -alzando al cielo sus ocho dedos.

– Tienes razón – dijo solemnemente Otroto alzando sus nueve dedos al cielo – está claro que es un loco –

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Para descargar en formato E-BOOK: Sin tres no hay locura MOBI

This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

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From → Relatos, Salud Mental

24 comentarios
  1. Me ha encantado!! Me pregunto qué hubiera pasado si hubiera aparecido por ahí alguna otraotra 🙂

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  2. Gracias, Odalisca.
    He intentado en esta historia contar muchas cosas y, entre ellas, no es casualidad que no haya un personaje femenino. Pensé, en un momento dado, que Otrotro fuera Otra pero no tocaba, seguro que los personajes habrían actuado de otra manera… 😉

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  3. Ana permalink

    M ha gustado mucho!!
    Has añadido compañía a mi “#turnodenoche” ;
    Se puede retwitear?!

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    • Claro que sí, Ana!
      Muchas gracias por el comentario! El cuento tiene varias claves que son muy importantes para mi.
      Un abrazo!

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  4. Bibi permalink

    Bonito cuento, breve y con contenido, te hace pensar..
    Me ha gustado mucho.

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    • Gracias Bibi, me anima mucho tu comentario: “hacer pensar” sobre los factores sociales de la enfermedad mental es el objetivo principal 😉

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  5. ¡Hola Dotdos, qué difícil!
    Al leer tu relato, he pensado: “en el mundo si no crees en algo estás perdido, te acusarán de loco”. Esto es lo que me ha transmitido tu original y bello relato.
    Esta es mi primera visita… seguiremos en contacto.
    Un abrazo

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    • Gracias por tu visita y tus palabras, Mercedes… es maravilloso ver como otras personas pueden descubrir matices de tu propio relato ocultos al autor por el inconsciente…
      “en el mundo si no crees en algo estás perdido, te acusarán de loco”
      ¡Me ha encantado!
      Un abrazo

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  6. Rosa permalink

    Lo he leído varias veces, me ha gustado, “El” era feliz con su vida, sus vivencias, su cabecita, “EL” no necesitaba nada mas, Llegaron “Otro” y “Otroto” y quisieron impartirle lo que ellos creían que era lo mejor, hasta que lo encerraron…. Porque no dejamos vivir!!!!!!!

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    • ¡Qué buen final de comentario! Por qué no dejamos vivir en paz a las personas!!! 😉 Gracias!

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  7. To live in peace not easy on this earth… We always find human factor in every problem. On the other hand there is not a certain peace in the nature world… there is harmony with all these things… But in human world, we can’t find this harmony… What is good or what is bad… from time to time we put them again on discussion platform.

    Sorry dear José, I tried to read your story with a help of Google Translate. I know it is a crazy way to read like that, because the translation should make it less to understand… But I wanted to understand… I hope you don’t mind my crazy read.
    At the beginning, when he asked “who are you?” I thought that he was talking with himself, he saw himself sitting on this rock… It was a kind of coming to face to face with himself… But then I realized that it was about social life of human world. To share… to share in peace…The one and the other… I and others… never comes as we….

    There is a wonderful story/anecdote in here, about social life… I think they tell this story in sociology lessons… (sorry for my translation, I try to translate)
    In a very cold day of winter, the hedgehogs were very cold too. They decided to come together and to stay closer to each other. And they did. It was beter now. Not cold as before… But for a while… then their quills, this time disturbed them all. Then they went far from each other. It was allright. But then they felt the cold weather again… So they came together once again…. And then their quills… So they went and come several times. At the end, they find the exact distance between them that their quills didn’t give damage to them and also the cold didn’t hit them…

    We are, human can’t make this… can’t find the exact distance between us…

    Thank you so much dear José, it would have been so nice to read your story in your own language, but I loved it even in reading this way.
    With my love, nia

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    • Thank you, nia, so much for making the effort to translate the text and comment.

      You’re absolutely right, apparently only humans have the ability to destroy the harmony of nature.
      Curiously, the story of “without three there is no madness” began primarily as a social critique of the stigma of mental illness. Moreover, as you comment with a series of reflections on society, religion, class, humanity, psychiatric treatments, etc.. However, many people have found wonderful nuances and interpretations beyond my own conscious intention.

      The history of the hedgehogs is wonderful. We spent centuries, thousands of years of wars, devastation, crimes against humanity, exploitation … to find the exact distance between us.
      I loved your comment and how it enriches the story of “Nolosé” (meaning “I do not know”)

      Thanks

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  8. …..apparently only humans have the ability to destroy the harmony of nature…..
    Dear José, you expressed so nicely… I am glad I didn’t misunderstand. Thank you, it was a nice reading and sharing. With my love, nia

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  9. Qué buen relato!! Siempre pensamos que el loco es el otro… Interesante

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    • dotdos permalink

      Gracias, realmente las fronteras están muy poco definidas y, a menudo, cruzamos de un lado a otro sin darnos cuenta. Siempre es necesario un “tercero” en esto de la locura como en el cuento 🙂

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  10. Javi permalink

    Molt instructiu company!!

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    • Gràcies Javi!!! 😉

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  11. Reich Ariño Menorca permalink

    Como alumna de enfermería la valoro como una historia muy buena, me ha gustado mucho.
    Al principio me ha costado entender el contexto en el que se narra la historia, pero si lo acercas un poco a la realidad de cada día, efectivamente, podemos llegar a comprender como se lleva a cabo el desarrollo de “locura”, interpretada como un comportamiento que se encuentra fuera de los límites que marca Gauss, los cuales dictan la normalidad. Mientras no tengamos a un segundo con el que comparar nuestros comportamiento y actitudes y mientras no tengamos a un tercero que juzgue aquello que usamos para la comparación, no existirá la locura.

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    • Gracias por el comentario, Reich
      Creo que has hecho una lectura del cuento muy en la línea de lo que quería expresar. La dimensión cultural es muy importante, quizás la que más, en el fenómeno de la enfermedad mental. Pero no podemos quedarnos sólo aquí, existe una realidad (en parte también compartida y creada por la sociedad) más allá de la cultura con la que convivimos en el día a día relacionada con la locura y que no podemos desdeñar
      Un saludo 🙂

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  12. pili permalink

    Hola Dotdos, buena historia, muchas veces la locura está en los ojos de los q miran
    Salud

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    • Gracias por comentar, Pili. Cierto, demasiadas veces… quizás…

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  13. Maco permalink

    Me gustó la historia. Qué distinto habría sido todo si no hubiera habido “otros” imponiendo sus creencias. De todas formas, como digo en mi entrada, cada uno vive en su loco mundo inventado. Un saludo 🙂

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    • De acuerdo contigo. No tenemos otra salida que vivir en nuedtro loco mundo como bien dices. E intentar, al menos, ser tan felices como podamos.
      Gracias por comentar.

      Le gusta a 1 persona

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  1. Día Mundial de la Salud Mental « dotdos

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