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Libertad

febrero 19, 2012

Cuando alguien comparte contigo una historia como esta,

no sólo comparte una experiencia…

Este relato acaba, pero tiene un después… ¿qué crees que ocurrió? Me gustaría tanto saber tu opinión…

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Libertad

José M. García, 2012

– Libertad, la señora de la 617-2 se encuentra muy mal – me comentaba Susana en el cambio del turno – lleva gafas nasales a 2 litros, hidratación y antibióticos intravenosos, le cuesta respirar, satura muy bajo, tiene analgesia si precisa y, por cierto, la familia no para de demandar cosas porque están muy agobiados… no creo que pase de esta noche – acabó diciendo seria y pausadamente.

Aún, mi compañera, no había acabado de contarme cuando el doctor Tazo irrumpió en el office, casi a la carrera, con una petición en la mano.

– ¡Constantes horarias, analítica completa y gases para la 617-2! – ordenó Tazo, dejando las hojas sobre mi portafolios – y ¡para ya!  que tengo a la familia histérica en el pasillo –

Sobresaltada, acudí rápidamente a la sala de material, me lavé las manos y sobre una bandeja metálica puse apresuradamente unas gasas, antiséptico, compresor, palomita, campana, tubos de vacío, jeringa de gasometría, jeringa subcutánea, anestésico local, esparadrapo, guantes estériles…

En el pasillo, junto a la habitación 617, una mujer joven sollozaba cabizbaja apoyada en la pared, se sonaba la nariz repetidamente con un mocador arrugado y húmedo. Al acercarme, levantó la cabeza, ojos rojos e irritados, párpados ojerosos, mirada vidriosa y desesperada, faz agotada y una voz quebrada de suplica:

– ¡Por favor, haz algo rápido! ¡Mi madre está peor! – abriéndome la puerta.

Por respuesta asentí con una mueca lo más amable que supe.

La habitación, alumbrada por la escasa luz invernal que se colaba por la ventana, estaba dominada por el caos. La primera cama vacía y deshecha indicando que tenía dueña pero ausente en ese momento. Varias bolsas de viaje en el suelo obligaban a zigzaguear para llegar, tras la cortina que dividía la estancia en dos, a la cama donde se encontraba Libertad. Una mujer más mayor que la anterior, sentada de espaldas a mí sobre la cama, cubría con sus manos, amorosamente, las manos de la anciana. En un butacón, al otro lado, cortándome el paso, un hombre ojeaba revistas ansiosamente pasando las páginas sin hacerles caso. Justo al ver que me acercaba, con mi bandeja en las manos, saltó como un resorte de su asiento y se dirigió hacia la puerta en escapada.

– ¡Buenas tardes! – dijo secamente al pasar por mi lado.

– ¡Buenas tardes! – contesté llegando, finalmente, al cabecero de la cama.

– ¿Tengo que dejar sola a mi madre? – preguntó la acompañante, levantándose lentamente a la vez que descubría las manos de Libertad, deslizando las suyas con una suave caricia.

– Tengo que sacar un poco de sangre, puede hacer lo que quiera – respondí mecánicamente.

– Ahora vuelvo, mamá – la mujer, emprendió la salida de la habitación salvando los obstáculos.

Me senté en el brazo del sillón, dejando la bandeja a los pies de la cama junto a unos dedos torcidos por el tiempo; el tiempo que envejecen unas gruesas y cuidadas uñas corvas que coronan unos gastados pies azulados; azulados cordones de venas tortuosas, que trepan por los tobillos hasta ocultarse bajo una bata blanca, dejándose intuir unas piernas delgadas en consonancia con los huesudos brazos; brazos que apoyados contra el colchón sujetaban una caja torácica, exageradamente amplia reflejo de años de crisis respiratorias, en un pecho vencido bajo la tela; la tela que no paraba de elevarse y descender, hinchándose trabajosamente hasta robar el oxígeno suficiente para dejarse caer exhalando hasta el último hálito, para comenzar de nuevo el doloroso esfuerzo de vivir, reflejado en su rostro; su rostro viejo, agotado, sufrido, desesperado y sus ojos… sus ojos negros e inmensos, vigilantes, extrañamente bellos, vehementes, clavados en mí.

Por primera vez, desde que entré en la habitación, caí de la nube de la rutina que atonta los sentidos y la miré. Nuestros ojos se cruzaron y nuestras miradas conectaron con una intensidad tal que una serpiente eléctrica recorrió mi columna.

– Buenas tardes, Libertad – le dije sin poder separar mis ojos de los suyos – vengo a sacarle un poco de sangre –

La anciana apenas reaccionó a mis palabras, su cuerpo reservaba hasta la última gota de energía para respirar y mover su corazón, pero sus ojos me gritaron un rotundo ¡NO!

– Sólo será un momento – insistí.

Sus pupilas inmóviles, fijas en las mías, no acompañaban el movimiento de negación que a duras penas, Libertad, lograba ejecutar con su cabeza.

– ¿Pero qué estoy haciendo? – Libertad no necesitaba ninguna analítica, ninguna prueba, se estaba muriendo…

Salí de la habitación rápidamente, con la bandeja en la mano para buscar al médico.

– Doctor Tazo, Libertad está muriéndose, creo que debemos aliviar su sufrimiento y dejar de pincharla y molestarla – dije atolondradamente, sin pausa, nerviosa, sin respirar, sin razonar.

– ¡Aquí el que dice lo que hay que hace soy yo! – me gritó encolerizado, señalándome la habitación 617 alzando los brazos.

Me quedé helada, jamás habría esperado una reacción así, tan desproporcionada. Cada segundo se hizo eterno, allí de pie, en medio del pasillo.

– ¡Vamos! ¡Saca esa puñetera analítica de una vez! –

En un acto inconsciente me giré y corrí hacia la habitación, casi se me cae la bandeja. Mis pensamientos entraron en ebullición: me la voy a ganar; Libertad se está muriendo; no me van a renovar el contrato; me ha dicho que no quería; si me hacen un expediente no me darán trabajo en toda Granada; pincharla es maltratarla; me van a despedir…

Durante mi salida, la familia había entrado de nuevo, rodeando a Libertad. La anciana empeoraba por momentos, su respiración era ahora mucho más dificultosa y se podían oír algunos estertores.

No llegué ni a la mitad de la habitación.

En un acto consciente me giré y corrí hacia el médico, con la bandeja bien sujeta. Mi pensamiento era claro y diáfano.

– ¡Aquí tienes la bandeja! Yo no veo donde pincharla, si quieres pínchala tú! –

Ver desenlace de la historia

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Este trabajo está realizado bajo licencia  Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

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From → Bioética, Relatos

24 comentarios
  1. Pues mi sentido común me dice que, efectivamente murió, y que a la enfermera la despidieron.
    Mi experiencia como enferma en un hospital, afortunadamente, es mínima, pero no tengo buenos recuerdos. Una Libertad murió a mi lado en una agonía larga, extraña -veía sombras negras que la arrastraban y se quemaba, te lo juro, gritaba diciendo esas cosas-, y sin que nadie tuviera en cuenta que yo estaba ahí para vivirlo con ella.
    Si en general estamos deshumanizados, ¿por qué los hospitales tendrían que ser diferentes?

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    • Debería ser obligatorio para todo centro sanitario disponer de habitaciones individuales para que las familias y allegados puedan acompañar a las personas moribundas en sus últimos momentos.
      Lo que cuentas sobre las sombras es muy interesante. Estos fenómenos, junto al opuesto, es decir la visita de familiares ya fallecidos en un estado de paz y tranquilidad tienen cierta frecuencia y, la verdad, dan bastante que pensar.

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  2. Pues probablemente esta pobre enfermera se llevaría la bronca del siglo.
    El “señor” médico intentaría buscar a otra enfermera que hiciera el “trabajito”, y quizá la encontraría pero al llegar a hacerle las técnicas la señora ya había fallecido o algún hijo apiadándose de ella le hubiera impedido la invasión. El caso es que confío que esas técnicas jamás se le practicaran a la señora Libertad.

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    • Hola, MJ
      Has acertado en parte, pronto publicaré el desenlace real de la historia.

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  3. Al ver a la enfermera sus parientes, que habían invadido la habitación, no la dejaron practicarla ninguna prueba más, se opusieron.
    -Ya ha sufrido bastante, la dijeron.
    La enfermera salió y le narró al doctor lo acontecido.
    Cuando el doctor entró a la habitación, Libertad dio su último estertor.
    Un abrazo

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    • Un interesante final, Mercedes
      Aunque algo distinto del real. Pronto publicaré la continuación real.
      Un abrazo

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  4. Sere yo el raro o el deshumanizado, pero a mi no me parece bien que se negara a sacarle sangre a la paciente.

    Incluso el parrafo de:

    “Me quedé helada, jamás habría esperado una reacción así, tan desproporcionada. Cada segundo se hizo eterno, allí de pie, en medio del pasillo.”

    Me resulta hasta curioso, nosotros creo que no estamos para eso, estamos para intentar salvar vidas, prestar cuidados y proporcionar confort en enfermos terminales, no para decidir cuando dejar morir a una persona sin hacer todo lo posible por impedirlo, independientemente de la edad o situacion del paciente.

    Ya se que existen atenuantes en el relato, como que el medico solicite la analitica por la “presion” de la familia, pero aun asi sigo pensando que la conducta de la enfermera no es la adecuada.

    Igual es que no he entendido la moraleja del relato, jejeje.

    Un abrazo!

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    • Gracias flipe10, por tu comentario

      Cuando escriba el final de la historia quizás no estés tan en desacuerdo ¿…?

      También me resulta curioso que juntes en la misma frase “proporcionar confort a enfermos terminales” y “no para decidir cuando dejar morir a una persona sin hacer todo lo posible por impedirlo”

      Yo como tú, no creo que las enfermeras, ni ningún profesional sanitario deba decidir cuando debe morir una persona pero, si te fijas en la historia: Libertad se niega a que se le hagan las pruebas y esto sí, la voluntad de la persona, el respeto máximo a su autonomía, debe de quedar por encima de cualquier otro factor, orden médica o enfermera.

      Espero que cuando se desvele el final real vuelvas a comentar 😉

      Un abrazo!!

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      • Si, quizas me he expresado mal, en esa frase que comentas me referia a enfermos que no son terminales ya que una anciana en realidad no es un enfermo terminal, en un enfermo terminal, siendo claros y duros, o quizas mas bien “insensible”, no hay nada que impedir.

        Pero bueno, esperare al desenlace de la historia, jejeje.

        Un abrazo!

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  5. Montse permalink

    Pues yo creó que pasaría lo que dice Mj que alguien se la sacaría…..y la enfermera aunque no creo que despedida, ella no encontraba donde pinchar…..sería “aleccionada” por algún super lameculos……quizás si lo que se invierte en técnicas en pacientes que SABEMOS terminales , se invirtiera en unidades “del morir” o como cada uno las llame, donde se intentaría que todos tuviésemos una muerte digna , que las familias tuviesen apoyo psicológico porque para ellas lo que nosotros vemos a diario no ocurre todos los días , avanzaríamos haca una sociedad más humanitaria y ya que en estos tiempos viene al cuento se ahorraría en procedimientos inútiles….

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  6. jOsE permalink

    Como creo que acabó….mmmm pues el médico mandó a otra enfermera a hacerlo, que quizás lo hizo, o quizá cuando volvieron a la habitación Libertad ya había dado su última bocanada…

    Respecto a mi opinión es un tema delicado, tampoco considero que sacar una analítica de sangre o una gasometría (con anestesia, por lo que leo) sea encarnizamiento terapéutico, aunque claro, a priori, según lo que cuenta la historia es probable que la mujer estuviera en sus últimas horas de vida….
    Lo que está claro es que cada uno tiene que hacer lo que en ese momento considere oportuno, a pesar de la opinión del médico, y más teniendo en cuenta que la paciente no quería que le sacaran más sangre.

    Un saludo!

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    • Gracias, jOsE por tu comentario…
      Creo que es interesante cuando dices: “considero que…” y “cada uno tiene que hacer lo que considere oportuno”. Cuando asumimos un rol profesional, y más en el ámbito sanitario, creo que en situaciones críticas como esta debe imperar lo que nuestro cliente (en este caso Libertad) desee [autonomía], en este caso “no más pinchazos”… independientemente de lo que yo considere que es lo mejor [beneficencia]…
      Pero bueno… aver como acaba todo esto… cuando sepamos lo que ocurrió de verdad!!!
      ¡Un abrazo!

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  7. cristi permalink

    Mi opinión, es que en ciertas ocasiones los pacientes terminales no llegan a un hospital por voluntad propia ( en la mayoria de los casos) sino que llegan a traves de la familia, es decir, no se resignan a que vayan a morir, no lo han asumido y ademas tienen miedo a la muerte y al dolor, de su familiar y del suyo propio.
    Cuantas veces hemos oido “yo se que está muy malita/o pero al menos aqui le haceis algo”….. ¿algo? machacarlo mas con pruebas invasivas??? o con ttos agresivos????
    En cuanto al relato, Libertad murió eso está claro, pero seguramente alguien le realizo la tecnica
    ese es el pan nuestro de cada día…
    saludos

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    • Cristi, coincido bastante contigo. El cambio cultural respecto a la muerte, en nuestro país, ha sido brutal de la mano de los avances tecnológicos. Sin embargo, la gente sigue expresando que quiere morir sin dolor, en casa y rodeado de familia de manera mayoritaria.

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  8. cristi permalink

    PD: jOsE las gasometrías no se hacen en el 90% de las ocasiones con anestesia… mi experiencia me dice que jamás he realizado esa técnica bajo anestesia.

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  9. Rosa S permalink

    Yo creo que por suerte el caso de LIbertad es bastante aislado, sobre todo en casos terminales, mi opinión es que el facultativo se encontraba agobiado por la familia demandantes por poder conseguir una pizca de vida que ya no tenía solución, el fallo suyo fue el no pararse a hablar detenidamente con la familia y explicarles lo mejor para Libertad y su agobio lo descargo con la enfermera de turno para así el quedarse mas tranquilo, por suerte dio con una buena profesional, con un buen ojo clínico.. Yo pienso que final fue, que el medico le presento sus disculpas a la enfermera y le dio la enhorabuena por su actitud….

    Bon dia!!!

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    • Me gusta mucho tu comentario, Rosa. Gracias!

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  10. Voy a batir el record de negativos del blog, el follonero de la enfermeria jejeje.

    Eso si, 4 negativos pero ni un razonamiento de porque ese negativo, el unico que lo ha razonado no lo ha puntuado.

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  11. Me gustaría contestar a Flipe, ya que me he quedado muy sorprendida con su comentario,

    1º ¿No te parece que prestar cuidados y confort a una señora como Libertad es también evitar que sufra con técnicas que no llevan a mejorar su escasa calidad de vida sino , en este caso, a proporcionarles momentos incómodo que no les conduciría a sacarle del trance de enfrentarse a la muerte? Para un paciente en estado terminal le es molesto hasta que le aseen.

    2º ¿Eres enfermero? Si es así no me creo que no te hayas visto en ninguna situación laboral en el que los segundos se te hicieran eternos. No entiendo como te puede parecer curioso el párrafo referente a que a la enfermera se le hiciesen los segundos eternos.

    3º Dudo mucho que el hecho de practicarle una gasometría a esta señora fuera a provocarle la muerte ni tampoco que impidiera que muriera, por lo que la enfermera no estaba decidiendo si dejarla morir o no.

    Espero que no te hayan molestado mis comentarios, solo los he hecho por que igual he interpretado mal el tuyo, un saludo compañero. 🙂

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  12. Alumna 1ºEnfermería permalink

    Por fin sabemos el desenlace.
    Creo que la actuación de la enfermera ha sido la correcta. Con sus palabras “Yo no veo donde pincharla” evita un enfrentamiento directo con el médico, pero a su vez deja bien claro cuál es su postura.
    Sólo espero que al final no se haya llevado todas las consecuencias en las que pensaba.
    Gracias

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    • A veces la actuación derivada del miedo conlleva peores consecuencias que una firme defensa de los principios éticos y profesionales. En este caso, la enfermera no sufrío ningún tipo de “castigo” aunque, bien es cierto, podría haber sido todo lo contrario…

      Gracias por comentar, Alumna 1º Enfermería 🙂

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  13. Soy una “enfermera” experimentada que ha vivido lo relatado en muchas ocasiones y que ha sido la enfermera de la historia en mas de una ocasión… Y en cada ocasión, como en una novela, ha habido un final diferente. Muchos son los factores que condicionan el final…
    Me quedo con 3 cosas de los comentarios. 1) Me sorprende como buscáis excusas para la inexcusable actuación del impresentable de Tazo. Usar la familia como coartada solo esconde su incapacidad para asumir su propio fracaso, porque, esa es la madre del cordero. El colectivo medico interpreta la muerte como un fracaso. 2) la muerte es, casi siempre, nuestro enemigo. Como dice flipe10 debemos luchar por curar…¿Pero cuando no se puede curar? Entonces debemos cuidar y acompañar hasta la muerte. Y acompañar sin dolor, sin sufrimiento y si agonía será una victoria (enfermeria eso lo entiende mucho mejor) Ah! Flipe, un enfermo terminal no tiene porque ser oncológico… Una señora pliripatologica de 90 años con una fracción de ejecución del 15% también lo es. 3) este caso que parece inventado es mucho mas frecuente de lo que creemos. Y si o buscad Amanda Trujillo en Google.

    Un saludo a todos y perdonad por la extensión del comentario

    @andonicarrion

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    • Hola, Andoni
      Gracias por tu comentario, como tú, he vivido en muchas ocasiones este caso, todas las enfermeras la hemos vivido realmente… y desgraciadamente, como dices, el fina es siempre diferente.De los múltiples factores que intervienen en una situación así, creo que unos mandos intermedios y una dirección enfermera potente, con una visión cuidadora y en la que se puedan sentir respaldados los profesionales es fundamental, para favorecer una actuación profesional y ética. De poder cuidar sin miedo a las consecuencias.
      Curiosamente, el código deontológico médico es suficientemente claro para evitar conductas distanásicas pero, es cierto, que mayoritariamente la muerte se vive en ese colectivo como un fracaso y l obstinación terapéutica sigue demasiado presente.
      También es llamativo que aunque la Ley de Autonomía (41/2002) es clara en cuanto a la obligatoriedad de respetar la voluntad de la personas no se hace ni caso en muchas ocasiones cayendo en el paternalismo.
      Sobre el caso, quizás el disfraz que lleva puesto para respetar la confidencialidad hace que no te parezca real, pero te aseguro que en lo fundamental lo es, sin duda alguna.
      Y sobre la extensión, muy agradecido por tu interés 🙂
      Un saludo y gracias de nuevo!

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