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Orfidal si precisa

julio 1, 2012

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orfidal si precisa

El largo pasillo en penumbra, con las puertas cerradas, adquiría un aspecto tétrico a través del monitor en blanco y negro. Los continuos ruidos en la imagen la hacían estremecerse, difuminarse, deformarse, temblar… aportando una tenebrosa envoltura al ambiente.

Clara, sumida en sus pensamientos, intentaba amoldar su espalda y sus glúteos a la incómoda silla; de buena gana pondría a los gestores del hospital siete u ocho horas en esos instrumentos de tortura de los que se levantaba dolorida y quebrantada. Seguro que en un día las cambiaban por sillones parecidos a los de los despachos médicos. La enfermera nunca entendió el clasismo en la sanidad pública, el porqué unos profesionales disfrutaban de un dormitorio, con una cómoda cama para dormir y descansar mientras que otros ni siquiera tenían un asiento ergonómico.

Rondaba la una de la madrugada y, Clara, ya había revisado los planes de cuidados de sus pacientes. Desde las diez de la noche, que comenzara el turno junto a tres compañeras, ya habían administrado la medicación y ofrecido un pequeño refrigerio, a las personas levantadas, que consistía en un vaso de leche y unas galletas. Hasta las ocho, sólo quedaban tareas ofimáticas y de soporte así como atender las incidencias que fueran surgiendo.

A priori, de todas las personas ingresadas, sólo Rosario presentaba un riesgo importante de insomnio. Casi no durmió la noche anterior y necesitó una generosa dosis de hipnóticos antes de caer rendida y conciliar un ligero sueño, interrumpido casi cada hora por terribles pesadillas. La mujer, de avanzada edad, escuchaba voces en su cabeza que la atormentaban y la atemorizaban. Además pensaba que su madre, que falleció hacía un lustro, estaba encerrada en el cuartito de lencería por lo que cada vez que eludía la vigilancia de las enfermeras era encontrada de rodillas y gritando el nombre de su mamá por la ranura de la puerta.

El crujido de una cerradura metálica retumbó en toda la unidad como un trueno. Una mirada al monitor y, como era previsible, Clara observó una cabecita asomarse tras una puerta entreabierta. Rosario, como una sombra, tímidamente, casi de puntillas, dirigió sus cortos pasos hacia el almacén de ropa.

– Voy a darle la medicación si precisa- sentenció Ruth levantándose de la silla – y si es necesario la contenemos.

Clara, no respondió, seguía embobada mirando la pantalla, siguiendo la silueta de Rosario, agazapada, avanzando a pequeños saltitos como un personaje de dibujos animados, haciendo breves paradas para mirar a su espalda, aproximándose a su meta, arrodillándose y colocando la cara en el suelo para susurrar a su mamá quién sabe qué.

– Espera – contestó secamente Clara a su compañera.

Clara sintió una emoción especial cuando se encaminaba al encuentro de la señora. Al llegar a su altura, con Rosario postrada a sus pies, una gran conmoción recorrió su cuerpo. Se agachó, la cogió suavemente por el codo y la ayudó a levantarse mientras le decía con una voz tan dulce, tan calmada, tan cariñosa que debió surgir del corazón y pasar directamente a las cuerdas vocales:

– Rosario, acompáñeme, conmigo no tiene nada que temer – muchas veces había utilizado expresiones parecidas pero esta vez, además, lo estaba sintiendo. Clara estaba convencida de que Rosario no tenía nada que temer mientras ella estuviera allí.

Una vez en la habitación, Clara ayudó a su paciente a meterse en la cama. Puso su mano izquierda en la nuca de Rosario y pasó su mano derecha bajo las corvas y con un suave giro, Rosario, quedó perfectamente colocada en la cama. La arropó sólo con la sábana porque no hacía demasiado frío. Atusó con la punta de los dedos los cabellos revueltos de la mujer, acarició suavemente sus mejillas. Rosario respondió con una sonrisa, un halo de bienestar y serenidad le iluminó el rostro.

– Buenas noches, Rosario, estaré aquí al lado despierta toda la noche, para que pueda dormir tranquila.

Rosario cerró los ojos y apretando su mejilla y su hombro sobre la mano de Clara le regaló una caricia muy especial mientras ésta retiraba su mano.

A las siete de la mañana, Clara, ordenaba el carro de medicación; en el cajón de Rosario depositó un vasito de plástico, con una pequeña pastilla blanca y redonda en su interior, sobre el que se leía escrito a rotulador:

“Orfidal si precisa”

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30 comentarios
  1. anilla0 permalink

    La paciencia es parte del tratamiento, aunque por desgracia no siempre nos sobra, nosotros también nos agotamos y tomamos mas ayuda de la medicación que de la palabra.

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    • Tienes razón Ana, además también aparece la sombra de las contenciones en el cuento…

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      • It was so nice dear José, Thank you for translation. Are you going to collect them for a book, these are amazing and so nice experiences to share… Love, nia

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        • Thanks nia! For now publish my stories on the blog and to share with all of you is something special for me. I do not know later in the future … but anyway thanks so much for your support and your wonderful publications. With love, José Manuel

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  2. Otra experiencia llena de humanidad, desde los dos lados, en esas estancias algo despersonificadas de un hospital.

    Y la escena se llena con una caricia… siempre tanto en una caricia, siempre tanto en la piel que habla con su mejor voz.

    Gracias, José… por hacernos ver las sendas de la humanidad en esas estancias despersonificadas.

    Un abrazo

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    • Me emociona tu comentario, Juan, mil gracias!!! Las estancias son las que son, de nosotros depende el resto… Un abrazo!

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  3. Bueno, Clara se convirtió en la mamá de Rosario por un rato, mucho mejor que cualquier pastilla. Tiernísimo, me emocionaste. Un beso.

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    • En un interesante punto de vista, Francesca: “se convirtió en la mamá”.
      Mujer, mamá, cuidados… sin duda una inspiración en el desarrollo profesional.
      Gracias, un beso!

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  4. A veces no nos damos cuenta de lo mucho que podemos conseguir dando sólo un poquito de nosotros. Gran lección de ternura…
    Gracias.

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    • Gracias! Ciencia, ética, sentimientos, emoción… Un abrazo!

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  5. Por lo que intuyo leyendo los comentarios creo que tenéis peor concepto de vosotros, como “gremio” del que tenemos los pacientes y familiares, o al menos por mi escasa experiencia en esas cosas, yo me he topado con bastantes Claras.

    Bonita historia jefe.

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    • Puede que tengas bastante razón… aunque quizás la cosa esté cambiando en los últimos años. Creo sinceramente que en mi profesión las Clara superan con creces las Ruth, pasaré tu comentario a mi círculo de colegas a ver si se animan a darte su opinión… 🙂
      Gracias!

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  6. M.J permalink

    Desde hace ya muchos años que en las escuelas de enfermería nos enseñan a ser enfermeras como Clara, aunque después despunten alguna Ruth por formas de ser. Siendo Clara seguro que terminamos el día mucho más satisfechas de nuestro trabajo que siendo Ruth. Y aunque tengamos un mal día y a veces deseemos comportarnos como Ruth, nunca debemos olvidar que peor día pueden estar llevando nuestro pacientes y sus familiares. Os envío una agradable caricia como la que Clara dio a Rosario. 🙂

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    • Qué maravilla de comentario M.J. para recargar las pilas en estos momentos tan complicados. Un beso, 🙂

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  7. Clara war eine ganz liebe es ist schön mein Freund mal in die Räume zu sehen, was sonst keiner kann.Wünsche dir noch einen schönen Abend und einen guten Wochenstart Grüsse dich Herzlich Gislinde

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    • Gracias, Gislinde! Siempre he creído que en el potencial de los cuidados. Estoy muy contento de que puedas leer la historia, me gustaría mucho poder traducirla al alemán pero no tengo ni idea. Feliz semana también para ti. Un abrazo!

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  8. Rosa S. permalink

    Efectivamente, me es bastante familiar la situación de la escena, el rugir de las puertas, el levantarse a mirar la hora que es, en el reloj del control, los hay que sin mediar palabra se vuelven a la habitación y otros como Rosario que con sus pesadillas se les hace la noche muy larga, Cuantas Claras hay?? y Ruths??? no se, he vivido situaciones semejantes……y es verdad también, que por suerte las cosas han cambiado mucho desde mis comienzos en psiquiatra…. pero también es verdad que a veces no basta con la buena voluntad y se necesita echar de la mano de Ruth…

    Felices sueños….

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    • Tienes toda la razón Rosa, se te echa de menos… un abrazo!

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  9. He visitado sanatorios y hospitales como paciente, por uno u otro motivo y me he encontrado con muchas Ruth y también con alguna Clara que son realmente las que te dan confianza y te ayudan a soportar el dolor físico o psíquico.
    De cualquier manera no menosprecio el papel de Ruth, cumplen con su trabajo de manera profesional y son agradables en el trato.
    Un abrazo, Dot

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    • La mirada como profesional y la mirada como paciente (palabra que no me gusta nada) pueden hacer lecturas muy distintas de una misma situación. La opinión que importa, siempre, es la de la persona que recibe los cuidados…
      Dentro de cada enfermera hay una Clara y una Ruth y otras que irán saliendo en otros relatos y que sólo necesitan unas circusntancias determinadas para manifestarse. Todas son necesarias en su justa medida y en el momento oportuno. Yo mismo he sido Ruth y Clara en muchas ocasiones.
      Leo en tus palabras que estás satisfecha con los cuidados recibidos y eso es lo que importa.
      Gracias de corazón, un abrazo!

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  10. Hace poco pasamos una racha en la que tuvimos que requerir los servicios de un montón de profesionales médicos, todos de la seguridad social, y solo puedo decir que a nosotros casi todos, porque siempre hay excepciones, los que nos atendieron y fueron muchos, fueron Claras. Es algo que nunca he entendido, porque cuando di a luz me trataron muy mal, lo único que quiere alguien que se encuentra mal, es cariño y comprensión, no humillaciones y malas caras, creo que aquí como en cualquier otra rama, hay de todo, lo que nunca deben olvidar es que tratan con personas, besos

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    • Manoli, es estupendo leer cosas como estas, que abundan las Claras (aunque las Ruth tb. son necesarias en determinados momentos). Llevan (¿quiénes?) mucho tiempo denostando la sanidad pública pero la realidad es que, en general, es objetivamente mejor que la privada. Es cierto que la privada tiene mejor fachada pero se queda en eso, fachada.
      Sobre lo de dar a luz, es curioso, yo las escenas más “terribles” en cuanto al trato al paciente que he vivido ha sido en paritorio y maternidad (pero hace ya muchos años, en mis tiempos de estudiante).
      La clave es esa, tener claro que trabajamos con personas y respetar la autonomía de las mismas.
      Un abrazo!

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      • No sé si conoces la teoría transaccional, creo que describe bastante bien lo que comentas acerca de la necesidad en ocasiones de Ruth, aunque en principio sean deseables las Claras, como dices todo depende del momento.

        Por cierto, cuando nacieron mis hijas el trato fue en ambas ocasiones exquisito, ah, y otra cosa, mi mejor experiencia con un dentista (aunque en realidad no eran dentistas, solo que no me acuerdo qué me dijeron que eran) fue en la Seguridad Social, hasta hicimos unas risas.

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        • Perdona, se me pasó este comentario.
          Conozco algo de la teoría transaccional pero me gustaría que me explicaras un poco la relación con el relato. Es una teoría un poco complicada, así de golpe.
          Gracias! Y sí, siempre Sanidad Pública!!! Yo como usuario tambien he tenido buenas experiencias, en general.

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          • Bueno, resumiéndolo mucho, en esa teoría, como sabes, se parte de la base de que el ser humano se comporta o se puede comportar de diferentes maneras, padre protector, padre crítico, adulto, niño en diferentes modalidades etc, en principio podríamos llegar a la conclusión de que comportándonos como adultos, razonando y tal, acertamos en cualquier situación en la vida, error, si vas a una fiesta por ejemplo es más conveniente actuar en modo niño por ejemplo, disfrutas más, si eres bombero y tienes que desalojar un edificio y ves que razonando no consigues nada quizá tengas que ponerte en plan padre autoritario, conseguirías salvar más vidas que comportándote como adulto.

            En el relato, Ruth sería la adulta, la que hace lo que cree necesario y adecuado, razonando, mientras que Clara haría las veces de padre protector, mimando y dando cariño, ¿cuál de las dos formas es mejor?, pues depende del caso, y depende del caso quizá un padre autoritario es necesario para aplacar ciertos casos, es adecuarse a la situación.

            No sé si me he explicado, un saludo jefe.

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      • Totalmente de acuerdo contigo, besos

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  11. Gracias, Dessjuet! La explicación es muy clara. Es estado mirando un poco más sobre la teoría y esos diagramas de transacción, con sus egos y todos y es muy interesante. Y claro, la aplicación a estos casos muy jugosa … Un saludo 🙂

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    • Perdón, me meto en la conversación… Dess (parece que te estuviese persiguiendo por los blogs) no conocía la teoría transaccional, o por lo menos no la conocía con ese nombre.. pero cuando estuve haciendo terapia sí aprendí que dentro de cada ser humano hay muchas personas dentro de él, y cada uno de ellos se manifiesta según qué situación de la vida, por eso podemos tener tantos matices sin llegar a ser algo raro, aunque luego vaya contrario a lo que se pide socialmente puesto que de adulto deberíamos tener una “línea” de conducta. Tiene que ver con el tema no?
      Dotdos: bonito relato

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      • Gracias! Tener muchas personas dentro de uno mismo suena un poco complicado… pero es cierto, quizás es más fácil aceptar que cada persona puede responder de la manera más sorprendente ante un determinado estímulo.

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        • Pues si, a mí me ayudó a relajarme en cierta forma comprender que en una situación puedo responder de manera muy adulta e incluso severa y en otra se puede despertar mi lado más infantil, por citar un ejemplo; y no pasa nada
          Feliz domingo!

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